POESIA QUE ENAMORA, PEDRO SALINAS

Pedro Salinas es uno de los máximos exponentes de la Generación del 27, Nació en la madrileña calle de Toledo, hijo de Soledad Serrano Fernández y de Pedro Salinas Elmos, comerciante en géneros, del que quedó huérfano con apenas seis años. Comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Madrid, que abandonó a los dos años para matricularse en Filosofía y Letras . En 1913 fue nombrado secretario de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid , en 1915, con 24 años, Salinas se casó con Margarita Bonmatí Botella. El matrimonio se instaló en París donde el poeta inició sus lecturas. En 1917 el matrimonio Salinas regresó a España y un año después, él consiguió una cátedra en la Universidad de Sevilla, donde vivieron hasta 1929. En la capital hispalense, entre otros futuros personajes tuvo como alumno a Luis Cernuda. En 1930 comenzó a ejercer en la Escuela central de Idiomas, en Madrid, donde más tarde, en 1932, fundó la revista Índice Literario. Entre 1928 y 1936, integrándose en las actividades y objetivos de la Institución Libre de Enseñanza, a través del Centro de Estudios Históricos, se encargó entre otras diversas tareas de la Sección de Literatura Moderna y la organización de la Universidad de Verano . En el verano de 1932 conoció a una estudiante estadounidense, Katherine R. Whitmore. Ella fue la destinataria de su trilogía poética La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. El romance se mantuvo, en forma epistolar, cuando Katherine regresó a Estados Unidos para proseguir sus estudios; volvió la joven para el curso académico 1934–1935, pero la mujer de Salinas descubrió la infidelidad e intentó suicidarse, por lo que Katherine decidió poner fin a la relación. Ella, falleció en 1982, y autorizó la publicación de su Epistolario con Salinas, guardado en la biblioteca de la Universidad de Harvad. Sorprendido en Santander por el levantamiento militar que daría paso a la Guerra Civil Española, se trasladó a Francia, desde donde marchó al exilio en Estados Unidos. Ocupó el cargo de profesor visitante en el Wellesley College cuyo nombramiento tenía desde 1935); más tarde trabajó para la Universidad Johns Hopkin de Baltimore y en el verano de 1943 se trasladó a la Universidad de Puerto Rico, pero regresando a Baltimore en 1946. Falleció en Boston el 4 de diciembre de 1951, aunque sería enterrado en San Juan de Puerto Rico.

 La voz a ti debida

Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.